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UniversidaddeCádiz
Observatorio Atalaya

Mapa de Procesos de Cursos y Escuelas Culturales

No por obvio resulta menos necesario incidir en la importancia de la educación dentro de nuestro sistema social y cultural. Sin entrar en el debate en torno a sus contenidos, el ámbito educativo incide una y otra vez en su relevante papel tanto desde un prisma profesional y laboral como desde una perspectiva académica o meramente personal.

La diversificación de los agentes sociales implicados en el contexto educativo ha ido cambiando sustancialmente durante el devenir del pasado siglo XX. De aquella estructura piramidal que concebía el sistema educativo como organización monopolizadora y hegemónica orientada a una distribución jerárquica de los conocimientos se ha ido pasando a una ordenación mucho más abierta donde no solo las grandes instituciones -Iglesia Católica y Estado, básicamente ostentan el papel de difusores de valores y conocimiento.

En esta enriquecida cartografía, son muchos los agentes sociales y culturales implicados en la confección de una oferta educativa que presente opciones de elección a la ciudadanía y que responda a sus necesidades profesionales o personales. Llegados a este punto, se antoja obligado exponer nuestra percepción de la relación entre educación y cultura. Mientras la educación parte de un principio igualitario donde análogos espacios de conocimiento se ofrecen de forma equitativa con el fin de establecer una equidad y justicia social, la cultura ofrece un marco de conocimiento e información más plural y menos monolítico, más permeable y menos académico, que permite a cada ciudadano decantarse por una especialización en la que sustentar su identidad cultural pero también social. Es justo este último marco cultural el que contextualiza el estudio que en estas páginas presentamos. Un territorio donde cada agente o institución, pública o privada, decide sus objetivos y contenidos para, a partir de ellos, proceder a su adaptación y transmisión ayudados por esta herramienta metodológica de carácter eminentemente técnico.

Sin un sustrato formativo regular en el tiempo, heterogéneo en sus contenidos y lecturas y consistente en su estructuración parece imposible concebir un sólido cimiento creativo pero también un público cualificado y exigente. En la formación se encuentran buena parte de las claves del positivo desarrollo cultural tanto desde el punto de vista de los autores como de los públicos. Y con la organización metodológica de dicha formación se garantiza la satisfacción de unos usuarios interesados –por obligación o por devoción- en seguir ampliando sus parcelas de conocimiento intelectual, moral o profesional. Sobre ellas se construirá ese necesario espacio crítico que los defina -y diferencie- como ciudadanos en activo.

Mapa De Procesos De Cursos Y Escuelas Culturales